Archivos mensuales: septiembre 2020

Re-Evolución en salud I: Construir Salud Colectiva para la post-pandemia en Chiloé

Construir salud colectiva para la post-pandemia en Chiloé

En un contexto de crisis en múltiples niveles y dimensiones, donde quizás la “punta del iceberg” ha sido la pandemia por Coronavirus (SARS-CoV-2 o COVID-19) y su brutal demostración de cómo las injusticias sociales enferman y matan principalmente a las y los vulnerados del modelo neoliberal, se hace una necesidad urgente organizarnos y orientarnos hacia formas alternativas de comprender y actuar colectivamente sobre los procesos de salud, enfermedad y de acceso a la atención.

Primero, debemos preguntarnos: ¿qué rol han tenido y tienen las instituciones estatales como el sistema de salud público para protegernos frente a este tipo de amenazas graves a toda la población insular? 

La respuesta parece obvia: quizás se logró retrasar un tiempo la entrada del virus a Chiloé, pero, paralelo a la pandemia, existe una crisis sociosanitaria histórica por la que los distintos gobiernos post-dictadura y su sistema de salud muy poco hacen frente a las desigualdades estructurales producidas por el modelo neoliberal-extractivista impuesto en nuestro archipiélago. Este sistema de salud, por más bien gestionado que esté y por más buena voluntad que tengan sus funcionarios, no apuesta por un proyecto centrando en la generación de un tejido social saludable ni en la armonización de los diversos procesos culturales.

Entonces, debemos seguir preguntándonos: ¿cómo llegamos a esto? ¿cómo es posible que nuestro sistema de salud se dedique principalmente a atender enfermedades individuales, olvidando las necesidades sociales, culturales y ecológicas del territorio? 

La respuesta ahora es más profunda: nuestro sistema se ha construido sobre algunas de las características históricas, epistemológicas y metodológicas de la llamada “salud pública tradicional” (o hegemónica) y sobre el rol formal de los Estados-Gobiernos en la “prevención de la enfermedad”. Según Edmundo Granda (2009), estas características serían: (1) una perspectiva filosófico-política que considera la enfermedad y la muerte como punto de partida para la explicación de la salud (enfermología pública); (2) formas numéricas y mecánicas para comprender la realidad social y para explicar el riesgo de enfermar en la población (positivismo-reduccionista); (3) ausencia de la participación popular en la toma de decisiones y el Estado como fuerza privilegiada para asegurar la prevención de la enfermedad (negación de las y los sujetos y sus saberes). 

Participación-Acción. Alejandra Leighton Naranjo y Soledad Burgos De La Vega

En Chiloé, así como en diversas zonas rurales del país, el sistema de salud público ha sido gestionado sobre una lógica del tipo “comando/control” por el gobierno central, es decir, se premia (o se castiga) a los que cumplen (o no) con los planes y programas generados en Santiago. Esto ha llevado a instalar actividades descontextualizadas a sabiendas de que muchas de ellas no son las más necesarias ni pertinentes para las particularidades de cada territorio. Ejemplos de ello sobran. Así, se hacen grandes esfuerzos de “re-adecuación” de estos planes por parte de equipos locales, pero siempre terminan chocando con la racionalidad economicista, centralista, monocultural y curativa que se impone sobre cualquier lógica integral del cuidado de la salud. Esta racionalidad va volviéndonos dependientes de “respuestas parche” en distintos niveles. Por ejemplo, al nivel de la atención clínica, se van repitiendo largos tratamientos con medicamentos (ansiolíticos o antidepresivos) frente a sufrimientos provocados por problemas mucho más profundos en la familia, la comunidad y el territorio, a los cuales se tiende a ignorar. A su vez, esta misma racionalidad desprecia y niega la profundidad y dinamismo de los saberes y prácticas tradicionales que, por largos siglos, se han sembrado y cosechado en Chiloé.

Por ende, si nos interesa que el sistema de salud público tenga realmente un rol en proteger la salud del territorio, es necesario dejar de trabajar como una máquina de producción de atenciones individuales ante la enfermedad, para repensarnos como un potente colectivo de personas, tecnologías, infraestructuras y saberes con mucha mayor capacidad para ser determinante en las transformaciones que vendrán en el archipiélago. Es decir, tenemos que politizar, volvernos agentes activos, reflexivos y críticos. Por fin, escapar de aquella enfermología pública para caminar hacia una verdadera Salud Colectiva.

Referencias

  1. Granda Edmundo. La salud y la vida. Vol. 1. Quito: Ministerio de Salud Pública del Ecuador/ OPS/OMS; 2009.

Autores(as):

Ensamble ALAMES Sur Patagonia – MAT 
(Asociación Latinoamericana de Medicina Social – Movimiento por las Aguas y los Territorios)
Alejandra Leighton Naranjo
Andrés Varela Molina
José Osvaldo Vásquez Reyes
Natalia Picaroni Sobrado
Sebastián Medina Gay
Sebastián Nuñez Pacheco
Sindy Urrea Maturana
Soledad Burgos De la Vega
Vanessa Durán Sanzana