[Artículo] Crisis de la Escucha en la conexión entre personas

Crisis de la Escucha en la conexión entre personas

 

Vicky

María Victoria Venegas Castillo.
Profesora de Historia y Ciencias Sociales.

 

depositphotos_83901774-stock-photo-native-brazilians-girl-smiling-atComo seres humanos tenemos la capacidad de aprender de todo, nuestra vida debiera ser un espacio en el que fuera posible inventarnos a nosotras y nosotros mismos, sin embargo esa posibilidad no la experimentamos, aprendemos lo que debemos aprender para ajustarnos en la sociedad y es difícil entender cómo salir de ese engranaje, ya que es un acomodo que se condiciona desde la primera infancia, desde esa primera vez que negaron la experiencia que nos hizo bien o nos hizo muy mal, o cuando limitaron la atención y el amor a las expectativas de quienes cuidan o con quienes te relacionas. Desde lo académico, en la escuela nos enseñaron a leer, escribir, sumar, restar, y otras disciplinas orientadas a formar piezas de ese mecanismo, generando un sistema educativo que nos adormece, nos aísla, embrutece y determina mediante una metodología tendiente a pasar exámenes o evaluaciones estandarizadas. Sin embargo la educación es mucho más que eso, lo cognitivo es un proceso de conocer que busca  interpretar lo que significa ser un ser humano, y eso no se agota en determinadas instancias, es nuestra vida. Trabajar ese origen interpretativo es el inicio y la fuerza de todos los procesos de transformación porque nos permite reflexionar, nos permite comprender cómo se  genera el proceso de conocer, y trabajar matrices mentales para aprender y desaprender en coherencia con un compromiso ético entre las personas y con todas las formas de vida.

En este camino la comunicación tiene un rol importante, esta  tiene dos facetas, el habla y la escucha. Se cree que la primera es la acción y la segunda un acto pasivo que se confunde con la capacidad biológica de oír, no se problematiza, sin embargo, aunque son parte de un mismo proceso, son fenómenos diferentes. En la familia, la sociedad,  la escuela nos enseñan a hablar, pero no nos enseñan a escuchar. Nuestra principal falencia en el proceso de conocer es el no comprender la completa dimensión del acto comunicativo, mutilando  la escucha que es una dimensión constitutiva del entendimiento que experimentamos individual y socialmente. ¿Por qué es tan importante?, Porque el habla y escucha son acciones con igual capacidad de crear posibilidades con las que nos construimos todos los días y a lo largo de la historia, no nos podemos  separar de estas acciones, sin embargo se prioriza el habla porque se cree que es la acción que crea las condiciones materiales en la que nos desarrollamos, un buen estudiante, dirigenta, dirigente, líder es quien habla, la discusión se desarrolla y se termina cuando ‘se impone la voz de mis argumentos’, pero esta visión es una herida, una imposición de una forma de ser y actuar heredada de una sociedad que vive y ha vivido procesos brutales de colonización y despojo, una sociedad entregada a la voracidad. Me aproximo desde una estrategia tendiente a instalar una visión de las cosas. En ese actuar, ¿hago una reflexión sobre cómo lo que hablo, lo que escucho y mis acciones afectan a otras y otros, o vivimos en una sociedad muy centrada en “imponer la voz de mis argumentos”?.

Cómo trabajar la escucha.

escuchaLa escucha no se genera cuando la comunicación se plantea desde la superioridad, cuando hay una lucha de poder, esta se puede dar en base a una construcción de género, raza, nivel educacional, nivel económico, a diferencias ideológicas o cualquier idea que suponga predominio de una forma de ser sobre otra.

Hablábamos que el escuchar se confundía con la capacidad biológica de oír, esta es parte, pero escuchar es más profundo, incluso tiene un rango de amplitud más grande que recibir información, esto porque el escuchar esconde la complejidad de ser un ser humano. Cada persona es un sistema en comunicación con otros sistemas cerrados que nos construimos mediante la comunicación a través del habla y la escucha. La complejidad radica en que el entendimiento de la interacción es múltiple, ya que se analiza el contexto, las acciones, las intenciones, las posibilidades que se generan, las inquietudes que me genera,  y siempre va a depender del nivel de consciencia de quienes se comunican.

La consciencia siempre se va a generar mediante el entendimiento de hechos interiores, eso es trabajo interno, nadie puede generarlo por ti o entregarlo como quien entrega instrucciones para habilitar una función motora. La escucha se anula cuando se cree que una persona se desarrolla o ha crecido por obra mía, porque yo abrí puertas o entregué conocimiento que liberó la consciencia de otro ser, el primer paso para habilitar la escucha y generar un diálogo interior es una disposición a entender que todas las personas, sin distinción de edad, raza, género, nivel de relación interpersonal o cualquier otra clasificación son capaces, íntegras y soberanas de ir creciendo a su propio ritmo. Como educador, educadora, guía, padre, madre, cuidador, cuidadora u acompañante, compañera o compañero es fundamental el vincularse desde ese respeto, y entregar desde el amor de quien se emociona con ver crecer sin importar al camino que conduzca.

 La escucha también se puede trabajar para quien se atreve o sabe preguntar, y una buena pregunta siempre busca entender sin  una respuesta o idea preconcebida, o con una agenda previa, sino que desde una entrega que me puede transformar, desafía la lógica aislada, el egoísmo de mi punto de vista, de tener la razón y se coloca en el entendimiento con otro ser, o con uno mismo, Humberto Maturana lo llama amor, también se puede llamar empatía, la escucha nos acerca, no nos separa. El explorar también abre posibilidades de entendimiento interior, sobretodo actividades que potencien el arte y la música, el baile y la creación, el deporte, que generen vínculos de reciprocidad, de comprensión diversa de fenómenos que nos afectan. El educador, educadora, madre, padre, cuidador, cuidadora, acompañante pueden abrir esas posibilidades comprendiendo que estas pueden cambiar y no se ajustan a un ideario lineal, sino que al fortalecimiento de la confianza y al descubrimiento de los gustos, talentos y habilidades. Se pueden diseñar conversaciones que trabajen la apertura a  nuevas posibilidades, se pueden crear actividades que trabajen la empatía en salas de clases, en familias, en comunidades, es una acción concreta y necesaria.

El abrir espacios para hablar y escuchar ejercita el habla y la escucha, puede sonar redundante, pero no lo es. Es necesario escuchar a la mujer, al niño, a la niña, a la abuela y al abuelo, a quien quiere sanar, al hombre que está aprendiendo, a quien está entendiendo, a quién quiere preguntar, a quien quiere hablar. Quién quiere aprender a escuchar tiene que escuchar a otras y otros, pero por sobretodo, escucharse a una o uno mismo. Si sanamos ese diálogo interno, este emergerá como manifestación externa de un equilibrio que sanará el acto de comunicar y se podrán crear las condiciones de vida optimas que permitirán el desenvolvimiento en diversos espacios.

La educación es un trabajo de consciencia, y para quien ame educar y aprender la escucha genera una destreza para comunicarse y conectar con otras y otros desde una apertura sincera, desde un vínculo horizontal. La escucha desobedece al condicionamiento, genera pensamiento libre e íntegro, es una herramienta silenciosa y disponible para quien luche por ideales de transformación.

escucha-atenta

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